La última entrevista a Froilán González. Sus comienzos y su relación con Ferrari

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Hace un tiempo atrás, CORSA entrevistó a José Froilán González en la que habló de sus inicios y su paso por la Fórmula 1.

José Froilán González fue parte de un selecto grupo. El de las leyendas del automovilismo argentino, al que llegó después de ser el primer ganador con Ferrari en la Fórmula 1 (1951), lograr un subcampeonato en la Máxima (1954) y ser el único compatriota en ganar en las 24 Horas de Le Mans (también en 1954).

Hace un tiempo atrás, CORSA le realizó una entrevista en la que habla de sus inicios y su paso por la Fórmula 1. A continuación, un extracto de la misma…

 

-¿Qué recuerda de sus inicios?

 

-Mi tío se llamaba Julio Pérez y se mató en las Mil Millas, el 14 de diciembre de 1940. Tenía la misma edad de Juan Manuel Fangio. Yo tuve mucha influencia suya, pero también empecé a correr por rebeldía. Estuve cinco años en dos colegios de curas: Don Bosco y Sagrado Corazón. Mi viejo quería que jugara al fútbol y como mi tío me empezó a meter en el mundo automovilístico me dijo que, si quería, me vaya a su taller de Arrecifes. Él era socio de mi papá, que tenía allá una agencia de autos Chevrolet. Su muerte fue todo un tema en la familia y por eso en mis comienzos tuve correr con dos seudónimos: primero Canuto y luego, Montemar. El primero era un loco que hacía acrobacias en el circo; el otro se refería a un caballo de carrera. Fue así que arranqué en la Fuerza Limitada en 1946 con un Chevrolet 4 que era muy fácil para armarlo de competición.

 

-¿Cómo reaccionó su familia?

 

-Por aquel entonces los únicos que sabían que corría eran mis tres hermanos. Un día voy a la agencia en Arrecifes y ojeando un diario local mi papá me dice: “Che, ¿quién este Canuto que corre acá?”. Le contesté: “No sé, debe ser un loco para correr en autos” (risas). Pero como siempre en todos lados hubo alcahuetes. Y más en Arrecifes, donde la frase “pueblo chico, infierno grande” le cae al pelo. Resulta que cuando logré mi primera victoria en Unquillo, Córdoba, lo hice con el seudónimo Montemar y mi padre se enteró. Se armó un lío de novela y me echaron, ja. Pero luego mi viejo me siguió en todos los Grandes Premios, tanto en Buenos Aires como en Europa.

 

-¿Y cómo se gestó su relación con Ferrari?

 

-El vínculo con la Scuderia nació mucho tiempo antes de esa famosa carrera en Silverstone. En 1950 ya había muy buen feeling con Enzo Ferrari, porque el ACA tenía varios de sus autos. Me empecé a acercar a Ferrari y vi cómo fueron sus primeros tiempos. Era muy difícil aquella época, ya que no había plata para pagar las quincenas, pero así y todo se empezó a armar un equipo importante, que terminó siendo el más grande de la F-1.

 

-¿Qué recuerda de Enzo Ferrari?

 

-Un tipo jodido. Debo ser el único piloto con el que no se peleó, ja. Cuando yo llegaba él me atendía en el acto. Tenía un carácter difícil y pienso que era la única manera de manejarse para liderar un equipo durante tanto tiempo. Fui muy amigo de sus hijos Dino y Piero, que fue fruto de una relación extramatrimonial con una empleada de la fábrica…

 

-¿Tuvo miedo alguna vez?

 

-Sí, fue en el Gran Premio en Palermo, en 1950. Había conseguido el tercer mejor tiempo con un Maserati del ACA. Pintaba para andar bien, pero los mecánicos cambiaron las bujías y cometieron el error de no cerrar bien el cricket de la nafta. Entonces en el comienzo de la carrera, con la primera aceleración, el compresor largó una llama y el combustible saltó. Me empecé a prender fuego y estuve a punto de tirarme al lago para apagarlo. Por suerte lo pude extinguir.

 

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